1) El operativo desánimo tuvo su mínima, triste efectividad. En todos los domicilios, salvo dos, me atendieron en la puerta, o con una mesa en el pasillo, eso si, sin perder la amabilidad de esa parte de la Argentina que representa el pueblo, la clase media.
En la calle alguien me avisó de la muerte de Néstor y no le creí. Al mediodía al volver a la escuela que era nuestro punto de reunión a rendir la mitad del trabajo y encontrarme con mis compañeros de grupo, confirmé que era cierta la tragedia, y apareció en escena esa parte de la Argentina que representa la “clase mierda” (Aliverti dixit), en la voz de una censista que pertenecía a mi grupo, 40 y tantos, muy bien vestida, que decía a viva voz : “Que ridícula esta,(por la presidente), tres días de duelo, que asco me da”. Dejando bien en claro a todos los que ahí estábamos que para ella la muerte de un ex presidente no era lo suficientemente importante cómo para detener la actividad laboral, en homenaje o duelo nacional.
Aquí apareció mi primera comparación, cómo el pueblo, aún recibiéndote con temor o inquietud, le bastaban dos palabras para inmediatamente conectar con el otro, y brindarse en forma amable y cálida; mientras esta mujer no podía resignar odio, cálculo, prejuicio ni siquiera ante la muerte.
2) De vuelta al trabajo, encontré en mi pequeño microcosmos censado, una buena radiografía del país, 88 personas, con 55 mujeres y 33 hombres; un 30 % de extranjeros (1 uruguayo, 6 coreanos y el resto peruanos); un alto porcentaje de mujeres solas; un 10% sin trabajo; casi todos con computadora y sólo dos domicilios sin censar, de los 42 que tenía a cargo. Compromiso cívico, o sentido de la responsabilidad, todos estaban dispuestos, hasta un hombre me paró en la calle avisándome que por su casa habían pasado y pidió ser censado.
Ante la pregunta de ¿varón o mujer?, luego de la sorpresa inicial, todos aceptaban de buen grado la inclusión de esta pregunta, cómo expresión de la libertad de decidir, de elegir, con que sexo se identifica cada uno. Una vez más, ese grupo heterogéneo llamado clase media, mostrando plasticidad ante lo diferente.
De vuelta a la escuela para cerrar el trabajo, mi compañera clase mierda le contaba a la jefe de grupo que había censado una casa tomada, que eran todos peruanos, y a pesar que contestaron todos que alquilaban el espacio en que vivían, ella anotó en el espacio “otros”, porque consideraba que era mentira. Todo contado con el tono de desprecio escuchado antes, con el mismo desdén.
3) Al terminar el trabajo, fuí directo a Plaza de Mayo, y caminé entre la gente.
La sensación de unidad, de hermandad, de congoja, iban a la par de sentirse estar ante un momento trascendente. Una vez más, el pueblo y la clase media reunido sin cálculo, sin egoísmos, sin asco, sin bronca, sin crispación; habitando un espacio de amor.
Unas horas antes, al retirarme de la escuela, y en el momento de entregar los materiales de trabajo, María clase mierda me entregaba en bandeja el tercer acto de su show, al preguntar, con un dejo de molestia ¿ El lápiz y la goma también hay que entregarlos?
Leandro Ibañez
Ese ser humano sin humanidad, debe tener en su alma un vacío infinito.
ResponderEliminarLa crítica destructiva debe ser su ejercicio más practicado.
Tal vez en las estadísticas del censo haya que borrarla como ciudadana y en todo caso ponerla en una columna aparte para evaluar sus conductas y habilidades vocales tan destacadas.