En el acto de la comunicación, que uno supone natural y espontáneo, aparecen muchos factores que construyen lo manifestado, y que no siempre se corresponden con lo real, no está ajeno a las subjetividades propias del emisor y/o el receptor.
Tanto uno cómo otro, transmiten su color específico al mensaje primario, transformándolo en uno nuevo, aportándole su tinte y generando cambios.
Nunca el mensaje original transita el proceso comunicacional inmutable, sin manchas, sin ser tocado y renovado por sus participantes.
Visto desde el emisor, la mayor o menor intención, el mayor o menor interés en lo comunicado, va a marcar el grado de intromisión propia en el mensaje.
El propósito de comunicar algo específico y de formar una opinión determinada, puede hacer que, en algunos casos, se tergiverse la realidad, manipulando la información para persuadir o influir en el receptor. Tanto en lo masivo cómo en lo individual la subjetividad del emisor deforma la realidad.
Visto desde el receptor, los presupuestos establecidos sobre el emisor, acerca de su autoridad, competencia, etc., impiden la objetiva lectura de lo recibido, ya que en ello intervienen preconceptos acerca de quien comunica, clasificando, jerarquizando al emisor y posicionándose en consecuencia. El rol adjudicado previamente al emisor, va a marcar un camino específico en ese vínculo.
Aunque en diferentes niveles siempre es así, es importante remarcar la necesidad de estar atentos a esto, para acercarse lo más posible al hecho concreto que se transmite.
El hecho comunicativo concreto sufre variantes, buscadas o no, voluntarias e involuntarias, y achicar esa brecha depende de determinadas circunstancias.
En el caso de la manipulación masiva de la información, la participación ciudadana, la organización, el involucrarse activamente en lo social y político nos sitúa en algo más que simples espectadores pasivos. Una masa crítica unida soporta mejor el embate del poder corporativo que un ciudadano solo. Manteniendo además siempre despierta la mirada discriminante, que no espera que le sea entregado todo previamente digerido y resuelto, sino que es capaz de pensar en forma individual.
En el caso de la percepción personal es fundamental estar atentos y ser críticos en relación a los imaginarios que depositamos en el otro, que nos hacen leer, no ya lo que dice, sino lo que entiendo de lo que dice. El análisis que haga sobre mi particular mirada me permite comprender mejor la realidad transmitida. El grado de libertad que tenga acerca de esos posicionamientos ilusorios es directamente proporcional al grado de claridad que tenga acerca del mensaje transmitido.
Resumiendo, la realidad siempre va a ser percibida parcialmente, el grado de separación entre lo que se transmite/recibe y la situación real, dependerá de la competencia, la madurez y de cuánto queramos involucrarnos en ello, entre otras cosas.
Aceptando que la realidad percibida por una persona es “su” realidad, y que la realidad del vínculo es la que ese vínculo puede percibir, acercarse a la experiencia en su forma más pura y original precisa de nuestro compromiso en los aspectos antes citados.
Leandro Ibañez
Podríamos concretar este texto diciendo que, todo depende del lado que lo mires, de la apertura mental que tengas, de no juzgar algo porque sí, de que nadie tiene el poder total como para decir que algo es de una manera determinada. Siempre la realidad es la realidad de la persona misma y nunca es absoluta. Por tal motivo es que existe y menos mal que existe, la diversidad de opiniones y comentarios.
ResponderEliminarConocer un hecho desde su estado primitivo es un lujo solo para algunos y para el resto (la mayoría) solo queda lo que absorba desde los tan aclamados medios de comunicación. De esa forma, sobre todo, tenemos que seguir siendo cada vez más amplios como para no fragmentar los hechos sino para escuchar todas las campanas.